jueves, 18 de julio de 2019

Profesiones con corazón: Francis, las manos de un peluquero.

     Cuando yo era pequeño mi padre solía ir a cortarse el pelo a Barrales.  Yo asociaba aquel nombre a un paseo con él, normalmente el sábado por la mañana. En una caminata nos plantábamos en una barbería del centro de Granada donde amablemente nos pelaban a ambos mientras la conversación fluía relajadamente. 
     Los tiempos de espera cuando los sillones de corte estaban ocupados tampoco suponían un problema, pues como en las buenas salas, siempre había algunos revisteros repletos de cómics, aunque los papás se entretenían con revistas donde descubrían los últimos modelos de coches o los chismes de la jet set, entre señoras que lucían poca ropa (ejem). Hoy, el móvil ha sustituido al papel y las zonas de espera son mucho más “asépticas” (internet se ha cargado tantas cosas...).

     En aquel ambiente flotaban intensos y agradables olores asociados a los productos de corte y barbería, pero el protagonismo lo acaparaban los peluqueros, que ataviados con su ropa de trabajo exhibían su particular destreza, tijera y peine en mano. Mirada clavada en el cliente y el espejo, velocidad y precisión de movimientos en cada uno de los cortes, espumas y productos que iban de la mano al cabello y que repartían mediante el peine... El trabajo masculino solía terminar con una navaja que podía impresionar pero que realizaba un cajeado perfecto de cuello y patillas con un rasurado limpio y preciso. 

     Al frente de aquel ejército de profesionales (pues la empresa tenía ya varios locales en la ciudad), destacaba el dueño, el Sr. José Luis Barrales, que en aquella época lucía un impecable bigotito que encajaba perfectamente con su rol de jefe y maestro. Y como no podía ser de otra forma, parte de su éxito residía en el buen hacer rodeándose de aprendices que en poco tiempo, siguiendo su sabia escuela, se convertían en excelentes peluqueros y barberos. Su sucesora al frente del negocio, su hija Yolanda, ha seguido la misma escuela, rodeándose de buenos profesionales y manteniendo bien alto el nombre de Barrales.

FRANCIS Y YO
     Con los años, ya en plena juventud, mis cortes de pelo eran arbitrarios y disociados de la frecuencia de mi padre, y fue en uno de esos paseos solitarios a Barrales, allá por el año 92, cuando me encontré con Francis, un simpático peluquero recién llegado al negocio que me abrió su corazón con una charla fluida y cargada de buen humor. La común pasión por las motos, la juventud desbordante (apenas pasábamos la veintena de años), y el que ambos estuviésemos ya saliendo con una chica en plan “formal” hizo que las conversaciones fuesen derivando por distintos temas, especialmente con la repetición periódica de mis cortes de pelo en los meses sucesivos.
     Desde entonces, mido el paso de mi vida en una escala temporal que no se corresponde exactamente con los años o meses, sino con mis visitas a Francis en la peluquería. Fiel a la casa que lo acogió en aquella vuelta a Granada (tras haberse formado como peluquero en Alemania), Franmi (como también lo llaman algunos), ha pasado por distintos locales de la prestigiosa casa Barrales, y en sus variados puntos de trabajo según temporadas, somos muchos los clientes que hemos ido deambulando tras él sin importarnos los desplazamientos de una a otra peluquería. En mi caso y en de algunos otros, porque desde pronto se originó una amistad que se ha fortalecido con los años, pero son cientos los clientes que mantienen su fidelidad a Francis por su gran profesionalidad (de exquisita ejecución en los cortes y peinados), y su enorme simpatía y agradable conversación.


Francis y un servidor.

     El paso de los años ha hecho que estemos muy pendientes uno del otro en nuestros devenires profesionales y familiares (la llegada de  los compromisos, los hijos...), habiéndose convertido para mí en alguien imprescindible en mi vida. Hemos compartido muchas cosas, y recuerdo entre otras que, gracias a él, aprendí a cuidarme físicamente (Francis mantiene una excelente forma física fruto del esfuerzo y amor al deporte). Me ha dado muchas lecciones de vida al contemplar su garra y coraje para salir de situaciones difíciles, y sobre todo, siempre me ha llamado la atención su nobleza y generosidad, algo de lo que puede dar testimonio cualquiera de sus amigos. Es de esas personas dispuestas a darlo todo, capaces de renunciar a lo que sea necesario por los suyos.


LAS MANOS DE UN PELUQUERO

    Que parte de su éxito como persona radica en un corazón generoso nadie lo va a poner en duda, pero a nivel profesional, el gran Franmi cuenta con unas manos prodigiosas. Hablando de su buen hacer como peluquero, recuerdo que un día me dijo: “Manolo, yo sólo tengo mis manos...” con lo que concluyó que cualquier nuevo comienzo partiría siempre de esas manos que igual empuñan una moto de gran cilindrada que realizan un corte de pelo de quitarte el hipo (y si no que se lo digan a todos esos jovencitos que hoy en día van en su busca para que le perfile distintos dibujos en la base del cuero cabelludo).


Pose de genio.
La misma habilidad la manifiesta en diversas tareas, ya sea con la tijera, la brocha, o cualquier herramienta.


Las motos. Su otra pasión.


Trasladando el dibujo al corte de pelo.

     La destreza manual la exhibe también en una enorme facilidad para el dibujo que llama la atención, de hecho empezó los estudios de delineante en Granada, pero la parte técnica no le atraía nada, estando mucho más interesado en la faceta creativa, lo que le llevó a explorar otros terrenos. Y fue así como casualmente, por el comentario de un amigo,  que  asistió como modelo para una peluquería y se empezó a interesar por ese mundo.




Distintos dibujos realizados en sus tiempos de relax.

    De regreso a su Alemania natal (de donde vino a España muy pequeño para ser criado por sus abuelos), su años de juventud los empleó bien,  formándose en una gran escuela de peluquería. Esto le posibilitó poder venir a España los veranos y, una vez concluida su formación, consiguió trabajos puntuales en algunas peluquerías, hasta que en pocos meses comenzó a trabajar en su casa de Barrales.
     Desde entonces, ha permanecido fiel a sus jefes, en los que Francis ha valorado especialmente la libertad de trabajo que le han brindado en el aspecto creativo y el tener siempre a su disposición los mejores medios materiales; no obstante, ya son más de 25 años con ellos.



TRES MANOLOS Y UNAS CUANTAS FOTOS

     Dando rienda suelta a mi pasión fotográfica, en una de las visitas con mi hijo Manolo (¡tercera generación de clientes!), pude deleitarme en una sesión fotográfica donde podemos apreciar el arte de esas manos que solo saben hacer bien las cosas. Ataviado con su indumentaria de trabajo, los espejos son testigos del buen hacer de Francis, combinando la ejecución perfecta con la conversación más simpática, la última tendencia en corte con la apertura de corazón en la forja de la amistad.


Después del primer Manolo (mi padre), los siguientes Manolos hemos sido fieles al lugar.

   Disfruté como un enano cámara en mano, rindiendo mi homenaje particular a este amigo que, desde hace mucho, forma parte de mi vida. Valga esta publicación como forma de agradecer lo mucho que Francis me ha aportado, deseándole al mismo tiempo prosperidad y, sobretodo, el cariño de los suyos. Fuerte abrazo campeón!!























(c) Manolo.dj


Los tres Manolos.