viernes, 7 de junio de 2019

Una historia "real"... con Prince.




     Me encontraba en el sótano de un edificio, en la planta de aparcamientos. Estaba allí por algo relacionado con mi trabajo, viendo la ejecución de una estructura de hormigón y ese tipo de cosas. El edificio estaba inacabado pero esta planta ya estaba en uso, al parecer presionados por el antiguo dueño del solar, que necesitaba retomar su trabajo de mecánico y exigía que le habilitasen rápidamente este espacio. 
     Estando allí con planos en la mano, entre zonas de poca iluminación y espacios lejanos alumbrados por tubos fluorescentes, asomaban entre los pilares intermedios los típicos elevadores de los talleres de coches. Algunos tipos se movían por allí con monos azules y herramientas diversas, pero su trabajo ordenado no causaba distracción en mis tareas...
     Comentando algo con el arquitecto respecto a la distribución de la planta, de repente se escuchó bastante jaleo por la rampa de acceso, y sin apenas darnos cuenta unos cuantos mecánicos aparecieron transportando al unísono lo que parecía ser el chasis de un clásico descapotable Mustang, el más fascinante musclecar americano. Con colores anaranjados y dibujos imitando llamas, pasó a nuestro lado el herraje básico al que faltaba por acoplar todo el conjunto de transmisión y motor, por lo que deduje que aún quedaría un largo trecho de trabajo para poder ver al precioso pony rodando por nuestras calles.


Prince en un fragmento del videoclip de Alphabet St.

     Con mi cara de sorpresa y fascinación dibujadas en ella, me dispuse a saciar mi curiosidad cuando de repente tropecé entre los mecánicos con el rostro de mi amigo Cristian, el cual, adivinando todas mis preguntas me dijo: -“¡No te imaginas de quién es esto! Se va a utilizar para el escenario de un concierto en Sierra Nevada... ¿adivinas de quién?...”
     Con cara de bobo pregunté -¿Prince?????-, y las sonrisas afloraron en el rostro de mi amigo y me contagiaron la expresión de bebé al que se le cae la baba... ¡Claro tío!, -me dijo,   -Ya se sabe por fin donde ha estado este tiempo!! Se viene a vivir a Granada, su paradero ha estado en secreto y ahora quiere dar un gran concierto para celebrar el estreno de su nueva casa!!!  y prepárate a ver el vídeo clip de la nueva canción!!!!! Los del equipo de staff ya lo hemos  visto!!!
     Todo empezaba a encajar. Cristian, excelente profesional de la imagen a quien tengo un inmenso cariño, se había infiltrado entre los miembros del equipo de producción que se encargaría de la logística del concierto, y todo para poder tomar las mejores imágenes de lo que iba a ser la reaparición de Prince tras largos años de silencio. Su cámara yacía al fondo de una pequeña bolsa que llevaba colgada a modo de riñonera, preparando la jugada maestra de lograr esa imagen única. 


El amigo Cristian, gran fotógrafo que sabe perfectamente cómo hay que posar para un retrato.


     Pero Cristian no estaba solo. Mi querido Dani lo acompañaba, y callado en todo momento, tan solo asentía con la mirada y una sonrisa indescriptible, como quien se siente hechizado por la más hermosa bailarina. Volver a estar junto a Prince, en un concierto único, y en su querida ciudad natal, era otro sueño más en la quimera mágica del especialísimo Dani...



El amigo Dani, con su atuendo principesco y bajo en mano.


Un servidor flanqueado por Dani y Cristian en el homenaje que celebré a memoria de Prince y Bowie (ver aquí).

     De repente, como si alguien nos hubiese estado escuchando, se encendió una pantalla grande que había alojada en el chasis del Mustang, y unas imágenes de un Prince rejuvenecido nos trajeron los mejores recuerdos de aquellos viejos años 80. Era el videoclip de su nuevo tema, con un sonido más funky que nunca. Había cambiado el Ford Thunderbird de su padre por un Mustang muy parecido al que allí había, pero su look, la música, su estilo... todo recordaba a la época Lovesexy; y cuando su semblante apareció entonando los primeros compases... el maldito despertador se encargo de devolverme a la realidad...        

      
    Curioso ¡verdad?... había olvidado por completo que mi querido Prince dejó este mundo hace ya más de tres años... Así son los sueños. Revelan nuestros más ansiados anhelos cuando son buenos, y nos traen la más cruda realidad cuando se tornan en pesadillas. Pero hoy es un día para celebrar para desear que pase el tiempo, para añorar el reencuentro que acabará llegando. 
     Feliz cumpleaños querido, allá arriba...