jueves, 7 de noviembre de 2019

Sierra de Cazorla, en buena compañía...




    Tengo que admitir que me ha costado redactar esta entrada. El argumento a priori es bien sencillo, y fotos tengo de sobra, pero no conseguía encajar el texto, trasmitir lo esencial en un evento tan sencillo como este: niños y mayores compartiendo un fin de semana en plena naturaleza. 
     La teoría dice que este tipo de eventos se prestan a una expansión relajada, casi idílica, pues además nuestra cultura está especializada en hacer de los fines de semana una especie de oasis en el que evadirse de todo; esto es algo que está bien, y además es necesario, pero la vida es complicada, y las convocatorias de este tipo muchas veces te pillan con el "paso cambiado", con poca o ninguna gana, y puede suponer ciertamente un esfuerzo considerable acudir a la llamada.
     
     Sin embargo, precisamente por esto, hay que agudizar los sentidos para extraer el enorme valor de un encuentro como este, donde lo realmente trascendente consiste en compartir y elevar un poco la mirada, haciendo piña con gente buena, y dejando asomar, al menos, una breve sonrisa.

 
CUANDO LO RELMENTE TRASCENDENTE PUEDE PASAR DESAPERCIBIDO...



     Disfrutar de la naturaleza, contemplar aquello en lo que normalmente no nos fijamos, compartir un tiempo de ocio con familia o amigos... son ese tipo de cosas que a todos nos gustan. Pero en estos eventos  el medio es siempre una excusa, y  lo verdaderamente importante son los acompañantes, el establecer lazos nuevos o fortalecer los existentes...
     En este caso la iniciativa partió del colegio Mulhacén, un cole de chicos donde con regularidad realizan actividades montañeras aprovechando el tiempo libre de los fines de semana, o en los primeros días de vacaciones en verano. Se propuso que los niños viajarían al corazón del parque natural de Cazorla, un sitio emblemático en España para los amantes de la naturaleza, solo que en esta ocasión el papá iría de acompañante con el hijo. La actividad se organiza cada año para chicos con edades entre 9 y 10 años,  empezando el sábado por la mañana y terminando el domingo al mediodía, un buen puñado de horas en las que los lazos padre-hijo tendrían la oportunidad de fortalecerse. Veamos pues cómo transcurrió todo. 




EL DESTINO

      El desplazamiento desde Granada llevaría algo más de dos horas, y bien aconsejado por Santi, otro papá con el que coincidí repostando en la gasolinera, elegí la ruta a través de Iznalloz, un itinerario rural mucho más divertido que la autovía, donde curvas y paisajes irían haciendo las delicias de mi pasión al volante. Y así, con un amplio margen de tiempo para la llegada, cada padre fue eligiendo su horario de salida, algunos de ellos combinándose en un mismo vehículo con los niños.

     El destino elegido se llama “El Chaparral”, un campamento situado en un enclave absolutamente privilegiado y que ya lleva en uso unos 50 años, ocupando una gran extensión de la zona más bella de Cazorla: pinares centenarios, variedad arbórea sin parangón, preciosa fauna protegida, manantiales de agua por doquier, y unas vistas preciosas en parajes muy pintorescos. La aventura estaba servida, y el campamento ofrecía espacios deportivos, albergue y cabañas de acampada, una preciosa capilla y unos monitores totalmente volcados en la organización de juegos con los pequeños.












    Y como antes dije,  la naturaleza era la excusa perfecta, pero el verdadero tesoro es el que se gestaba en la relación de unos con otros, en la amistad vigorosa de los niños y en buen ambiente entre los adultos. 


     A mí me tocó acompañar a Manolo, único hijo varón en casa, y era obvio que para él era algo especial este tiempo de escapada conmigo. La misma sensación de alegría acompañaba al resto de papás, en el fondo todos disfrutando como críos, y así, con el paisaje idílico que ofrecía Cazorla, unos y otros compartimos comida a la llegada, y comenzamos a disfrutar del evento. Por cierto, la organización a cargo de don Fernando y don José María, la compañía entrañable de don Jesús (capellán del colegio), y una excelente climatología, garantizaron un magnífico fin de semana.

















     Y así, las horas transcurrieron veloces entre excursiones, comidas y juegos, con un amplio margen de libertad y esparcimiento. De modo que, lógicamente, fue una alegría coincidir con Jorge, Luis, Jesús, Fernando, Pedro, Gin, Rafa, Ignacio, José Manuel, Alberto, Dani... y otros muchos entrañables papis; pero también fue importe entablar amistad con papás de otros cursos como Javier Peláez, al que solo conocía de vista. 


     En mi caso la cámara fue un complemento imprescindible, especialmente en la salida al nacimiento del río Borosa, donde no era difícil captar instantáneas de póster en casi todos los disparos. La caminata de esta salida el sábado por la tarde también vino bien para no oxidar estos cuerpos cuarentones, y así, casi sin darnos cuenta, nos vimos desayunando la mañana del domingo, donde algunos aprovecharían para una nueva excursión, otros quedarían disfrutando del campamento hasta la hora del almuerzo, y algunos con más prisa iniciarían el camino de vuelta a casa.






EL CAMINO DE REGRESO

     Sin dudarlo elegí la misma ruta, saliendo con tiempo suficiente para poder parar en el camino y tomar todas las fotos que me apetecían, satisfaciendo así mi otra gran pasión.







     También aprovechamos alguna parada para tomar unas deliciosas uvas campestres, y nos recreamos en el camino volviendo sin prisas y haciendo una pausa cada vez que la cámara lo pedía.



     Y por fin a la llegada, ¡el reencuentro con mis mujeres en casa!, y los dos Manolos, dejándonos agasajar, jejeje...

     No soy muy de campo, ni mucho menos montañero, y lo de acampar y dormir por ahí en tiendas y albergues no me enloquece, seguramente soy demasiado comodón, pero fue una bonita experiencia. Dicen que además se sale así de la rutina.....  pero a mí me da que lo más importante no es salir, sino que entrar; entrar, aunque sea por unas horas, en la contemplación de un destino que todos anhelamos, y que se palpa en esos paisajes, en esa sensación de libertad, en esa escapada de los problemas cotidianos, en ese deseo de que la tarde no termine...
     Y  aunque sabemos que al día siguiente todo volverá a la normalidad, soñamos con unas vacaciones que puedan ser así, incluso, porqué no, con una nueva vida que reproduzca este estado idílico... y es que la Esperanza con mayúsculas se va conquistando con pequeñas esperanzas...




     

8 comentarios:

  1. Maravillosa experiencia...hijo y padre salieron fortalecidos.
    Tienes una foto donde aparecen unos sembradíos ¿es un viñedo o son olivos?
    NOTAN La última foto, la de un campo roturado...¡ES TAN NOSTÁLGICA!

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    1. Olivos Ali!!! La provincia de Jaén, contigua a Granada, es el primer productor de aceite de oliva en el mundo.
      La ultima foto me costó tomarla, salí de la autovía y tomé un carril de tierra hasta que encontré el encuadre deseado, especialmente en esa hora de la tarde...
      Fuerte abrazo hermano!

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  2. Muy buenas fotos Manolo. Los paisajes me dan unas ganas terribles de salir a pasear por ahí, al sol.
    Las dos fotos que más me gustaron es la de los cuatro chicos arriba de todo, hasta parece una foto de álbum... si se convierten en los futuros Beatles he ahí la portada.
    Y la que están todos juntos con el perro, también excelente.

    Abrazos!!

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    1. Jajaja!!! Portada de los Beatles!! Genial!! Gracias Frodo! Fuerte abrazo!!!!

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  3. Que hermoso el campamento, seguramente una experiencia inolvidable en especial para vos y tu Manolito que se ve muy feliz, compartiendo estos lugares tambien con sus amiguitos, las fotos una mas bella que otra, yo en tu lugar unas quinientas fotos seguro sacaba jajaja,veo muchas montañas rocosas se trajeron alguna de recuerdo?(alguna roquita pequeña jajaja)
    Coincido con Frodo la foto grupal es sorprendente y la de los cuatro niños en lo que parece un techo rojo es muy bonita.
    Me alegro por ustedes y disfrutar de la naturaleza y en buena compañia es lo mas!!
    Un abrazo Manolo!!

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    1. Coincido en que esa foto de los 4 amigos es muy especial. Hay fotos de paisajes muy bonitas, pero los niños dan un aporte especial, sin duda... me hizo gracia que lo llamaste Manolito!! Justo como a mí me llamaban de pequeño, jeje... gracias por comentar, un abrazo!

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  4. Estuve ahí de joven de scout y me lo pasé/pasamos en grande cazando gamusinos... je.
    Regresé años más tarde con alguien y fue de cine...

    Las fotos son el reflejo de momentos únicos.

    Me alegra tanto verte sonreír!!!

    :)))

    Abrazote, genio.

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    1. Buen sitio eh?? y veo que buenos recuerdos también... eso está bien, y ya ves, si estás en buena compañía la sonrisa no falta. Me paso por tu blog! abrazo!!!

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