lunes, 26 de febrero de 2018

Yo, Tonya



       Mi mujer me propuso ir a ver "Los archivos del Pentágono". Había que aprovechar la oportunidad dado lo raro de poder escaparnos al cine y dejar a los peques en casa, y su propuesta no sonaba mal; pero había algo en este último estreno de Spielberg que sonaba a... "previsible", como si fuese irremediablemente a encontrarme con algo "parecido a", de modo que revisé la cartelera en busca de alternativas.

     Me encontré con una portada en la que figuraba una imagen de una joven patinadora. Sin haber visto las críticas parecía que era una historia personal con fuerte componente biográfico, de modo que investigué un poco, lo justo para enterarme que se trataba de una historia real y de que sus personajes habían protagonizado en vida un impactante culebrón mediático de los que baten récord en USA. Y ya se sabe que cuando a Norteamérica le da por algo... De modo que la decisión ya estaba tomada: sería una noche de paseo, cena y cine con Tonya Harding.


     Ni que decir que la película me encantó, meritosa obra del director Craig Gillespie escrita por Steven Rogers. La recreación de la América de los años 80 y 90, la excelente interpretación, las impresionantes escenas de patinaje, la selecta banda sonora, el guión... TODO. Disfruté y aprendí, sobre todo, de la idiosincrasia de norteamérica, esa tierra controvertida donde se mezcla el glamour más exacerbado con la pobreza más profunda, donde muchos truncan esos sueños que se les prometían realizables, donde siempre habrá figuras adoradas hasta el infinito mientras otros son denostados sin pudor... Y es que ya se sabe, América necesita siempre alguien a quién amar y alguien a quien odiar (ver aquí mi entrada sobre los "americanos")




     Tal vez lo que más me ha llamado la atención es la forma en la que se narra la historia, apoyándose en una entrevistas realizadas a día de hoy a los protagonistas de aquellos hechos que tantas horas de televisión llenaron. Ellos, contestando a preguntas de un entrevistador que nunca aparece, toman el papel de narrador según su propia versión, protagonizando a continuación las escenas correspondientes y en ocasiones incluso actuando en ellas manteniendo dicho papel de narrador.


     Todo indica que el guión ha sido muy fiel a los hechos reales, y supone una grata sorpresa las imágenes que aparecen junto a los créditos finales. No desvelo más, ni aconsejo que se mire mucho por ahí si tienes la suerte de no conocer los hechos de los que hablo, pues disfrutarás aún más la peli. Eso sí, corre a la gran sala antes de que dejen de proyectarla, nunca es lo mismo cuando se visiona una gran pantalla. Disfruta, y saca tus propias conclusiones... es una historia fuerte, bonita y de las que siempre se aprende algo. Chao.