martes, 27 de noviembre de 2018

Manipulación en los medios: crónica cómo me robaron una historia.

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     Fue un encuentro alucinante, rocambolesco, de lo más curioso que uno se puede imaginar... Esa historia fue contada mil veces, incluso con forma de entrada en este blog, pero intentaron robármela... De hecho me la robaron, aunque dejé constancia del "delito" denunciando los hechos en las redes sociales y les lancé un órdago en forma de publicación aquí. No oculto que el orgullo herido salió a flote con fuerza, y es que una tomadura de pelo semejante dispara las alarmas del protagonista silenciado (¿vanidad?)...

     Fue hace unos meses, cuando casualmente iba en dirección al centro médico con una de mis hijas (nada grave). En el camino sonaba la radio, concretamente cadena 100, emisora que suele estar sintonizada en el coche familiar. En uno de esos programas matutinos de corte humorístico mezclado con reality, es frecuente que den entrada a los oyentes vía telefónica, con el fin de que cuenten cualquier tipo de historia y se involucren activamente en el guión del programa. Hasta ahí todo bien, incluso suelen ser programas bien dirigidos que generan buena  audiencia en función del tema que se trate, y ese día el tema era interesante.
    En los prolegómenos al programa ya se intuía que iban a pedir la entrada de llamadas donde se contase algún suceso acontecido de forma casual en el puesto de trabajo, y en esta ocasión el asunto iría relacionado con el encuentro fortuito con algún famoso. Cantantes, actores, músicos, gente del panorama cultural y político, en fin, cualquier celebridad sería bienvenida. La invitación era clara: "¡animaos a llamar y contad ese encuentro con tal o cual famoso!".
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      Como ya sabéis, son varias las historias que yo podría relatar de encuentros no buscados directamente, algunos ni siquiera indirectamente, tal y como podéis leer en este blog en sus enlaces correspondientes: Spinetta, Prince, Battiato, Chuck Norris, además de otros encuentros que aún no he publicado. Pero sin duda, había una "casualidad" que, por las circunstancias y el personaje, sería la historia perfecta para ser radiada: mi encuentro con Stevie Wonder en Valencia en el año 92. Los que ya conocéis la historia (ver aquí), estaréis de acuerdo en que merecía la pena que fuese difundida, así que me dispuse a llamar.


     Lo primero que me encuentro es que la llamada no entra directa al estudio, sino que alguien previamente hace una primera "selección" de las historias que merecen la pena, para lo cual te piden que expliques con cierto detalle cómo se desarrollaron los hechos: personaje, lugar, fecha y circunstancias. Hasta ahí todo bien, tiene cierto sentido, aunque me empieza a extrañar que, siendo así, algunas veces se "cuelen" en este tipo de programas ciertos testimonios no bien relacionados o ciertamente poco interesantes; sin embargo, al no ser tan asiduo oyente, tampoco estaba en disposición de juzgar si esto suele pasar con mucha frecuencia o no...    El caso es que el tipo en cuestión me pide los datos principales del asunto (que a todas luces señala que será una narración simpática y curiosa),  y me indica que, más adelante, alguien me llamará en directo para dar entrada a la llamada y narrar los hechos.
      Lo mejor es que si no conocéis la historia entréis a ver la entrada publicada, pero en resumen os diré que, en una reunión de negocios en Valencia en el año 1992, me llevaron a almorzar a un restaurante de alto postín, y casualmente esos días Stevie Wonder estaba de gira y tenía un concierto esa misma noche en esta ciudad. Pues bien, estaba también almorzando allí pero en un salón privado, y mira por donde, fui a coincidir con él en....

    Bueno. Puestos ya los espartos, tan solo quedaba seguir sintonizando la radio y esperar la llamada. Mientras, comenté lo sucedido en un grupo whatsapp de amigos y en otro de familiares, los cuales ya sabían de la historia con Stevie Wonder, por si querían sintonizar la radio y escuchar mi intervención. Ellos fueron mis testigos en este robo.
     A los pocos minutos, anunciaron que entraba la última llamada, con lo que supuse que se había agotado el tiempo y no darían paso a mi historia (lo cual me extrañaba, pues era más interesante y amena que muchas de las que habían testimoniado en el programa); pero he aquí que dieron paso a un tal Alfonso que, suplantando mi identidad, COMENZÓ A NARRAR MI HISTORIA de forma convincente aunque, lógicamente, cometiendo varias imprecisiones que el oyente no detectaría al no conocer previamente las circunstancias... Recuerdo que durante esos largos segundos, seguramente minutos, me quedé absolutamente bloqueado, en parte porque quería escuchar la versión del impostor, que, dicho sea de paso, contaba con toda la complicidad del locutor de radio. En breve llegó el final del programa y dieron paso a publicidad. Mi reacción inmediata fue de ira (orgullo herido, jeje...), y llamé varias veces a la emisora pero nadie atendía ya el teléfono. En breve, comenzaron a llegar los whatsapp de conocidos que se habían quedado completamente asombrados.


     Seguidamente entré en mi cuenta de facebook para buscar la de la emisora, y allí al menos pude dar muestra de mi indignación al mismo tiempo que se iba desvaneciendo mi cabreo. Llegué a tomármelo con buen sentido del humor, pero me dio que pensar en cuántas ocasiones las historias que nos llegan serán un plagio de otras ya contadas o, directamente, pura invención...



     En fin, hacia el  mediodía volví a intentar contactar con la emisora pero fue imposible, por lo que nuevamente dejé otro mensaje... en fin.... “cosas del directo” dirían algunos...