jueves, 27 de agosto de 2020

Relatos Jueveros: desayuno idílico.





    Le tocó el turno a Demiurgo, uno de mis bloggers más admirados por la gran actividad que despliega y por la preciosa iniciativa de involucrar a sus lectores en la desafiante tarea de escribir. Efectivamente, el amigo Demiurgo, que celebra ya sus ocho años en este mundillo, además de su prolífica actividad como relator de innumerables obras, despliega una incesante labor invitando a sus   seguidores a escribir un relato todas las semanas, implicándolos también en la terea de lectura y comentario de los demás relatos que se van publicando bajo su convocatoria. 
      El éxito de esta propuesta fue tal que periódicamente se van turnando los interesados en el rol de convocar los escritos semanales, dando cada uno su visión o requerimientos sobre el tema a tratar y sobre los aspectos que se deben desarrollar en las narraciones. En fin, todo un desafío especialmente para él, a quien, como bien demiurgo, le cuesta entender la condición humana ¿será por eso, para conocernos mejor por lo que quiere que nos involucremos con la pluma?

     En mi caso siempre he visto con buenos ojos estas iniciativas, pero ciertamente no me he animado a probar por mi falta de tiempo y porque no creo que me desenvuelva muy bien en este terreno. Pero bueno, una ocasión como la de hoy bien merecía la pena, de modo que voy a intentarlo...

     De las distintas opciones que propone Demiurgo (ver aquí su blog), he tomado la siguiente:

Un personaje tiene la visión de un futuro inquietante. Hay posibilidad de cambiarlo.
     
   Desde luego reconozco que muy original no ha quedado mi relato, pero al menos he disfrutado aderezando el trasfondo con algunas de mis fotos. Ahí va mi propuesta, y....  !enhorabuena Demi!



DESAYUNO IDÍLICO


     El colapsado tráfico había retrasado su llegada al Nueva Vista, por lo que el ilídico desayuno con Nikki tendría que acortarse un poco. Ella había notado la tensión desde el principio, de hecho David llevaba varios días un tanto ausente: cautivador y detallista como siempre pero un tanto esquivo y con la mirada perdida en ciertos momentos.



      El café estaba servido, pero llegó un momento en el que el silencio pesaba de forma insoportable, y él terminó confesando. Hacía un par de semanas, tuvo una pesadilla terrible que pudo luego contrastar con cierta información privilegiada: una apabullante trama de corrupción en su partido iba a salpicar todos los noticiarios Él siempre había temido un escenario como este, pues su inamovible sentido de la justicia le haría posicionarse sin tapujos frente a este tipo de situaciones que tanto odiaba. Ahora, el momento había llegado, y no podría permanecer quieto ante el inminente desfalco a las arcas públicas de aquella ciudad a la que tanto amaba.
     Nikki quedó muy sorprendida, le pidió que acabase de explicarse, y terminó preguntando: “¿qué piensas hacer ahora?

     Las opciones eran pocas, pero aún había algo que podía hacer. Al parecer un tal Frank Boone sería el encargado de desencriptar las claves informáticas que permitirían hacer el traspaso de fondos desde las cuentas del partido hasta los paraísos fiscales, pero la figura clave para que él aceptase involucrarse en la trama era una misteriosa y desconocida mujer. Ambos tenían  ya fijada una cita, y  su plan consistiría en preparar una grabación del encuentro con la que poder presentarse en la fiscalía; el sudor de sus manos evidenciaba el riesgo que corría si fuese descubierto…

      “Estás temblando David...  Refréscate un poco no vaya a ser que te desmayes” dijo ella con los ojos llorosos. David, cabizbajo, entró en el aseo de caballeros mientras ella se secaba las lágrimas. Inmediatemente, Nikki tomó su móvil y mandó varios mensajes al tiempo que sacó una sustancia blanquecina de un botecito de cristal y la vertió en el café de su querido David. 


     Al cabo, éste salió, algo más tranquilo, y tomó su mano. “Gracias”- le dijo. “Ahora ya me siento con más fuerzas…”.
      Tranquilo”- dijo ella, “Yo siempre estaré cerca. Termina tu café, te sentará bien.  Y ya verás cómo en unos minutos lo ves todo… bastante más claro…”
        Tan sólo bastaron tres sorbos y David cayó desplomado. De fondo, a lo lejos, alcanzó a escuchar a Nikki marcando un número... y preguntado por un tal Frank.





Chao gente, hasta la próxima.

viernes, 21 de agosto de 2020

Purple Rain: Redescubriendo a Prince en los directos.





      Nunca me imaginé escribiendo una entrada sobre Purple Rain. Me refiero a la canción en sí, pues el álbum y la película lo merecen de sobra. ¿Entonces?... Bueno, lo que ocurre es que los que somos muy, muy fans de Prince, normalmente no tenemos a esta canción estre nuestras predilectas, pese a que esto pueda extrañar a muchos. Sí, ya sé que es la canción bandera, el primer y fácil recurso para quien no tiene ni idea sobre la magnitud de la obra de Prince, y tal vez por eso siempre ha sido una segunda opción en mis reproducciones de su música.
    Diseccionando el tema en sí, diremos que se trata de la típica balada de rock con estructura bien definida y letra romántica, colofón perfecto de la película a la que acompaña y digno final para el fabuloso lp. La ejecución vocal se desarrolla en un plano natural, sin falsete, y a nivel instrumental destaca magistralmente un precioso solo de guitarra marca de la casa (sin duda la mejor parte del tema).
     Como canción legendaria híper conocida, se ha abusado tanto de ella, que ha adquirido ese estatus de himno popular que se debate entre lo grandioso y lo patético, y es que a veces las cosas se estropean un poco con tanto manuseo... además de generar inconscientemente un encasillamiento que parece ridículo en alguien con tantísimo espectro musical.



     Cierto que a nivel popular también llegó a ser imprescindible en los conciertos en directo, formando parte de la todas de las giras desde 1984... hasta que el mismo Prince se hartó también de interpretarla. De hecho, tras el cierre espectacular de la Superbowl de 2007, él mismo alardeó de que nunca más volvería a tocarla, pero en los bises de su última gira antes de su muerte (Piano and microphono 2016), aparecía como una de los favoritas de sus fans.


RECORDANDO EL CONCIERTO DE SYRACUSE

     En mi caso, tras mucho tiempo sin escucharla, volví a interesarme por este tema con la edición reciente del concierto de Syracuse, el cual vi hace muchos años en vhs, y del que recordaba una versión muy especial de Purple Rain. Y así hace unos días, con cierta expectativa comencé a recorrer sus casi 18 minutos en directo sorprendido por la rapidez con la que mi cerebro iba reconstruyendo cada secuencia musical después de tantos años. Y tengo que admitir que disfruté de lo lindo.

     Y... ¿qué es lo que hace de esta versión algo tan especial? Pues tal vez la intensidad de la ejecución por parte de Prince, sin duda por que él ya era plenamente consciente de la dimensión que estaba tomando su proyección internacional, especialmente tras el éxito de la película y sus posicionamientos en lo más alto de las listas de ventas. 
      Efectivamente, al siempre efectivo papel que desarrollaron sus bien adiestrados músicos (Wendy luce genial en el acompañamiento de guitarra), se le suma una intensidad desmesurada en la interpretación vocal de Prince, agregando a la vorágine del entusiasmado público, un segundo y rotundo solo de guitarra con el que nadie contaba. De modo que, ciertamente, la extensa interpretación está bien justificada.




LA CÉLEBRE INTERPRETACIÓN EN LA SUPERBOWL

     El papel de esta canción en los directos, claro está, fue muy bien aprovechando por Prince para hacer de esta parte de los conciertos todo un ritual de masas que encajaba de maravilla con la proyección mediática que siempre indujo este tema, por lo que él fue también artífice de esta esta etiqueta de “himno”, recurso inmediato y cómodo en toda circunstancia informativa. Todo esto de alguna manera preparó el desarrollo de la clásica retransmisión de la Superbowl en 2007, donde Purple Rain tuvo probablemente la más espectacular interpretación posible, auspiciada por la intensa lluvia que no cesó de caer en todo momento. 
     Repasando el otro día el evento, encontré un precioso vídeo que recoge toda la tensión que iban viviendo los técnicos y managers del artista en las horas previas al evento, pues la lluvia había comenzado a caer torrencialmente y todo indicaba que estaría diluviando a la hora del número de Prince. En primer lugar había que ver de qué manera encajaba en asunto el mismo Prince, al que todos tenían un tremendo respeto pues había sabido ganarse fama de exigente en todos los aspectos técnicos y artísticos que acompañaban la puesta en escena de sus espectáculos. En segundo lugar, había también que manejar una emisión en directo con lluvia, incómodo invitado a tener en cuenta y que incidía, sin duda, en aspectos como la iluminación o la misma seguridad en el escenario (alto voltaje eléctrico, riesgo de caídas de músicos y bailarines, reacciones imprevisibles del público, etc...).
      Como no podía ser de otra forma, los genios como Prince tienen siempre un toque de gracia para convertir todos estos elementos en condicionantes a favor, de modo que el tipo supo darle la vuelta a la tortilla y, empapado hasta los huesos, disfrutó como loco y transmitió toda esa energía a técnicos, músicos y público. El evento, elevado a la categoría de grandioso, quedará en los anales de la mítica celebración de la Superbowl como uno de los momentos cumbre.
  
      En fin, me he animado a retomar algunas otras grabaciones en directo antes de volver, presumiblemente, a dejar en hibernación a Purple Rain otra temporada; ya sabéis, esto de escuchar música es así, tiene sus ciclos. Pero eso sí, nunca olvidaré otro momento cumbre que pude vivir en directo en el famoso concierto de Marbella del 98, en el que Purple Rain batió récords con... TRES solos de guitarra: ¡éxtasis señores!