domingo, 14 de junio de 2020

Pau Donés




     Hará más de veinte años desde que me lo crucé en la terminal internacional de Barajas. Me llamó la atención ver a un grupo de músicos que venían en dirección contraria haciendo uso de las pasarelas mecánicas. Las maletas, bolsas, y algunos instrumentos no dejaban lugar a dudas, y casi en la cercanía de unos metros su larga coleta y sonrisa característica me sacaron de dudas.
      Entonces pensé en la vida de los músicos, esos a los que tanto admiraba en general; y la proyección de futuro de esta gente, de un grupo como Jarabe de Palo, parecía dibujar horizontes de éxito, lanzamientos, y conciertos sin fin.



    Ahora la vida se ha encargado de poner el punto a una experiencia que en su caso ha durado 53 años. Es un punto y seguido, lo tengo claro, pero no deja de estremecer la forma en la que una enfermedad puede marcar la pauta de todos nuestros proyectos.
     Su música, sinceramente, nunca me interesó más allá del tarareo de “la Flaca” tomando cualquier copa en los pubs de verano, pero su énfasis en la lucha ante la dificultad, el arrojo mostrado poniendo la mejor sonrisa en medio del dolor, es algo digno de ser recordado... y agradecido.
     Su vida fue difícil de niño, su madre se suicidó dejándolo con 16 años, y tras miles de avatares llegó un tiempo mejor dedicándose a la música, esa que ahora nos entrega como despedida. Volverán  las risas y los acordes, el baile y los amigos... y hasta La Flaca será testigo... 
      Descanse en paz.