martes, 31 de marzo de 2020

El confinamiento lo ha hecho posible...

     Los Beatles nunca me han vuelto loco. Pese a mi respeto a todos sus fans y el reconocimiento de su influencia en tantos músicos, tan solo un puñado de canciones han llegado a gustarme, y únicamente en boca de otros artistas cuyas magníficas versiones merecen toda mi admiración.

     Dicho esto, también reconozco que su legado va mucho más allá de lo meramente musical, y en la plasticidad que siempre ha caracterizado a las portadas de los preciosos discos de vinilo, hubo una en especial que se convirtió en todo un icono: el famoso paso de cebra de Abbey Road.


      Una de las muchas curiosidades de esta portada reside en que la foto fue seleccionada después de una cortísima sesión de 10 minutos, en la que el fotógrafo Iain Mc Millan, exprimió al máximo el poco tiempo que la policía consintió en cortar el tráfico. Pues bien: esta misma semana, aprovechando el estado de confinamiento que está viviendo casi la mitad de la población mundial, operarios del Ayuntamiento de Londres han estado haciendo trabajos de mantenimiento del famoso paso de cebra. Y es que, este coronavirus, está destrozando vidas y economías, pero también está haciendo posible algunas otras cosas...


     Por ejemplo, se me ocurre que este estado de confinamiento está permitiendo:


     Que se agudice nuestra capacidad de organización y adaptación a una situación sobrevenida e impuesta.
     Que empecemos a ser conscientes de nuestra propia capacidad de aguante.
   Que vayamos poco a poco cultivando esa virtud llamada paciencia y que tan a menudo escasea en nuestras ajetreadas vidas.
      Que empecemos a saborear,  de verdad, las delicias de aquellas cosas buenas que brinda la vida.
      Que encontremos el gran valor que tiene nuestro tiempo, el que siempre hemos quitado a cosas importantes para ocuparlo a veces en caprichos tontos (y no me refiero con esto a esos caprichos que SÍ son necesarios y que impulsan lo mejor de nosotros).
      Que recuperemos la llamada a aquel amigo o familiar del que no hemos sabido nada en años.
   Que ordenemos aquel armario abandonado y vayamos saboreando tantos recuerdos.
   Que recapacitemos y nos miremos un poquito adentro, reconociendo tantas actitudes no siempre correctas y que deberíamos reconducir cuando esto termine.
   
     Incluso, por qué no, que vayamos familiarizándonos con la enfermedad, el dolor, la muerte; no hay intrínsecamente nada bueno en ello, pero es dañino vivir con la falsa ilusión de que lo malo siempre le va a pasar a otros, y que finalmente todo tipo de problemas tienen solución. A todo se le puede buscar el lado bueno, y es nuestra obligación encontrar soluciones y luchar por una vida digna, pero es equivocado apoyarnos únicamente en nuestras propias fuerzas cuando, a la vista está, poco se puede hacer cuando la cosa se pone fea. Venga, empecemos a mirar un poquito hacia Arriba, hay mucho que descubrir; y a lo mejor nos pasa que, sin quererlo, empezamos a querer saber más sobre Todo Aquello que nos trasciende y que, sin apenas intuirlo, tanto necesitamos...

     Cuidaros todos, cuidad de los vuestros (es una orden), os llevo siempre conmigo.
    
Un servidor, también confinado, en la mejor compañía...